El Seguro y la Pandemia

El Seguro y la Pandemia

Por Jorge Furlan

Antes de realizar cualquier análisis puntual sobre el efecto de la pandemia en la actividad aseguradora, debemos hacer un comentario sobre la situación económica general en la cual está inmersa. Al respecto, podemos imaginar que será desastrosa. No obstante, nadie puede contestar hoy a ciencia cierta sobre la magnitud de las consecuencias. 

La Argentina carece de moneda y se ha fagocitado a los creadores de riqueza. Tampoco hay todavía factores que se hayan estabilizado con la pandemia, por lo tanto,  la  catástrofe económica está en pleno desarrollo, y no permite formular especulación alguna. Ningún gobierno, organismo público nacional o multilateral ni consultora puede hacer proyecciones confiables. Esto está cambiando todos los días, y, por el momento, para peor, en un contexto económico anterior suficientemente dramático que ya ha puesto, hasta el momento, otra vez al país en default…

El ser humano se ha visto obligado a quedarse en casa, reduciendo principalmente sus hábitos de traslado y transporte asociado. Ha reducido el consumo de combustibles fósiles que eran necesarios para sostener la circulación en las grandes ciudades y el traslado masivo mediante aerolíneas y barcos. Las actividades industrial y comercial se han visto seriamente disminuidas, y muchos otros aspectos de la vida cotidiana han quedado relegados, para cuidar la vida de la raza humana.

En el mundo hay tensiones entre quienes quieren preservar vidas sacrificando la economía y promueven el mayor aislamiento posible y quienes, sin decir que no les interesan las vidas, auspician una reactivación para evitar mayores daños a las economías, y por ende a los empleos y también a la salud. 

Pero falta saber si una mayor actividad en un entorno de alto contagio podrá sostenerse en el tiempo. Los gobiernos, algunos más que otros, están haciendo esfuerzos fiscales y monetarios para sostener la situación, defender la subsistencia de empresas y empleos y, en el caso de Argentina, de las millones de personas que viven en la informalidad.  

En este marco, debemos señalar que la evolución del seguros está basada en la actividad; a mayor actividad, mayor producción. ¿Se regenerarán  rápidamente los mercados? ¿Cuánto tiempo tardarán en volver por lo menos a los niveles pre crisis? Es sabido que las actividades industriales y comerciales se han visto seriamente disminuidas, y muchos otros aspectos de la vida cotidiana han quedado relegados, para cuidar la vida de la raza humana. Por lo tanto, falta saber si una mayor actividad en un entorno de alto contagio podrá sostenerse en el tiempo.

Cabe preguntar cuánto habrá cambiado para entonces la cultura de las sociedades y cómo la industria aseguradora se habrá amoldado a esa realidad, pero si podemos afirmar que hoy,  ya no hay razones para no remotizar ciertos  puestos de trabajos y converger a un sistema mixto del desarrollo de la atención laboral.  Por otra parte, si los protocolos para la atención aprobados para el sector de seguros  limitan la distancia social, también limitan el número de personas que pueden trabajar juntas,  por lo tanto si la pandemia afecta el rol de las oficinas físicas en la  atención,  el cambio en la forma de trabajar puede ser profundo.

En cierto sentido, el seguro ya se ha ido adaptando a cambios profundos  relacionados con la administración digital y el teletrabajo, en especial, para los productores lo que va a marcar un cambio importante a futuro en las definiciones de las compañías y sus redes comerciales.

Sobre las consecuencias globales en la actividad, es importante la incertidumbre que existe, si bien en principio, no se advierte  hasta el momento que  tendría un efecto directo y drástico en los resultados técnicos del  mercado. Parecería que en el negocio  la pérdida de capital será mucho más importante, con los bajos rendimientos de los activos financieros y la caída de las bolsas en general. No obstante habrá ramos que pueden ser más afectados como el de caución tradicional, quizá por la quiebra de los tomadores de los contratos, por la forma en que se consideren los incumplimientos, es decir como juega la fuerza mayor o el caso fortuito con la pandemia y especialmente con la cuarentena.

Otras coberturas expuestas en el seguro directo se relacionan con  el transporte marítimo o el de aviación por toda aquella mercadería que ha quedado en aduanas o en los propios buques y que hayan sido dañadas, o bien por las acumulaciones de aviones en distintos aeropuertos con sus diversas consecuencias. Obviamente en las RC la suspensión de eventos y,  en los seguros técnicos,  las demoras en la finalización de las obras y su entrega sin dudas que demoran el recupero de la inversión en las mismas.

Además,  en las coberturas que universalmente pueden esperarse fuertes efectos negativos son en los seguros de salud;  también  dificultades en el cumplimiento de los servicios de asistencia incluidos en las pólizas, y asimismo,  prever conflictividad en ciertas coberturas como  la de D&O por la falta de preservar adecuadamente lugares de desempeño.

También quiero pasar a  señalar otra  consecuencias que imagino en la actividad,  y, al respecto,   mencionar  el efecto de la pandemia en las compañías de reaseguro internacional, dado la importancia que tienen en el desarrollo del seguro directo al ser un capital contingente de las empresas.  Las mismas han tenido una importante pérdida de sus patrimonios producto de las fuertes bajas en las bolsas del mundo, lo que hace que disminuyan sus márgenes de solvencia, y,  por lo tanto,   que las calificadoras de riesgos reduzcan los rating considerablemente y, por lo tanto,  se reduzcan fuertemente las capacidades disponibles para el futuro inmediato lo cual hace que  perderán los mercados de países emergentes con las complicaciones que genera este hecho en Latinoamérica.  

Para concluir, señalar que la disminución que se advierte en los flujos de caja, y el aumento o actualización de las liquidaciones de siniestros que se producirán post pandemia pueden afectar fuertemente los resultados económicos pero fundamentalmente patrimoniales por la debilidad de los activos de las aseguradoras.

Jorge E. Furlan
Gerente General Prudencia Seguros

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