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Por qué la responsabilidad profesional seconvirtió en uno de los principales riesgos deesta década

Por Natalia Careli Olmos

Médicos, arquitectos, ingenieros y otros profesionales enfrentan un escenario cada vez más expuesto a litigios y reclamos. La judicialización creciente y clientes más exigentes transformaron la manera de ejercer y también la forma de protegerse.

Durante mucho tiempo, el riesgo profesional fue considerado una variable secundaria dentro del ejercicio de determinadas actividades. Sin embargo, quienes trabajamos cerca de sectores como la salud, la construcción, la ingeniería, la arquitectura o la consultoría observamos que esa realidad cambió de manera profunda y acelerada.

Hoy, ejercer una profesión implica desenvolverse en un contexto de creciente exposición jurídica, social y reputacional. La combinación de una mayor litigiosidad, clientes más informados y una fuerte amplificación pública de los conflictos está modificando la forma en que los profesionales gestionan sus riesgos y toman decisiones.

Este fenómeno es particularmente visible en el ámbito de la salud.

Diversos estudios internacionales muestran que una proporción significativa de médicos enfrenta reclamos por mala praxis a lo largo de su carrera. A ello se suma un incremento sostenido de los costos asociados a los procesos judiciales y a las indemnizaciones, una tendencia que también encuentra correlato en la Argentina.

Pero sería un error pensar que se trata de una problemática exclusiva del sistema sanitario.

En los últimos años también se incrementaron los conflictos vinculados a proyectos de construcción, desarrollos inmobiliarios, asesoramientos técnicos y servicios profesionales especializados. Las responsabilidades compartidas entre empresas, contratistas y profesionales independientes son cada vez más complejas, mientras que los estándares de calidad y cumplimiento exigidos por clientes y organismos de control continúan elevándose.

A esta situación se suma un cambio cultural de gran magnitud. Los consumidores cuentan con más información, más herramientas para reclamar y una expectativa creciente respecto de los resultados obtenidos.

La experiencia profesional ya no se evalúa únicamente por la calidad técnica del servicio prestado, sino también por aspectos vinculados a la comunicación, la trazabilidad de los procesos y la capacidad de respuesta ante eventuales conflictos.

Las redes sociales potenciaron aún más este escenario. Hoy, una situación puntual puede convertirse rápidamente en un hecho de alcance masivo, generando impactos reputacionales que muchas veces resultan más costosos que las propias consecuencias económicas derivadas de un reclamo.

Como consecuencia, estamos viendo un cambio en la manera de gestionar el riesgo profesional. La prevención adquiere un rol central y las organizaciones comienzan a incorporar herramientas que van más allá de la cobertura económica tradicional. El asesoramiento legal especializado, la gestión preventiva, los protocolos de actuación y la capacitación permanente se vuelven elementos cada vez más relevantes.

En algunos sectores incluso aparece un fenómeno que merece atención: la toma de decisiones condicionada por el temor a futuros litigios. Cuando el miedo a una demanda comienza a influir sobre el ejercicio profesional, el desafío deja de ser exclusivamente jurídico para transformarse en una cuestión estratégica que impacta sobre la calidad de los servicios, la innovación y la competitividad.

La discusión de fondo excede al mercado asegurador. Lo que estamos observando es una transformación en la relación entre profesionales, instituciones y sociedad. En un entorno donde una demanda puede afectar simultáneamente el patrimonio, la carrera y la reputación de una persona o una organización, la gestión del riesgo deja de ser una herramienta defensiva para convertirse en una condición necesaria para el desarrollo profesional sostenible.

Comprender esta nueva realidad será clave para quienes busquen construir organizaciones más resilientes, capaces de responder a entornos cada vez más exigentes y complejos.

Natalia Olmos
Gerente General de Evolución Seguros y Directora de Relaciones Institucionales y Comunicación del Grupo Olmos.

Por Natalia Careli Olmos

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