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El deber objetivo de cuidado en las Relaciones Humanas

Por el Profesor Juan Ignacio Quirós Arroyo

Para comenzar, una importantísima aclaración a los estimados lectores de este artículo: no soy especialista en Derecho, tan solo soy, un estudioso investigador del mismo, aprendiz continuo de las ciencias sociales, que aprendí como graduado en Ciencias de la Educación, Matemática, Seguros y, Mercadeo y Ventas. Soy un aprendiz que ha llegado a la conclusión de que, “aquel que cree saberlo todo, vive en un mundo que ya no existe”.

Hecha la aclaración ut supra indicada, comencemos por hacer una diferencia muy genérica de lo que es Derecho Objetivo y lo que es Derecho Subjetivo, según los entendidos en la materia.

Derecho objetivo y derecho subjetivo.

Esta clasificación es una de las más importantes, debido a que está relacionada con la
función del derecho dentro de un ordenamiento jurídico (ley, código, reglamento,
etcétera); este criterio nos permite diferenciar entre derecho objetivo y derecho subjetivo.

Villoro Toranzo (1994) sostiene que el derecho objetivo es un sistema de normas que rige obligatoriamente la vida humana en sociedad. Entonces, para nosotros, el derecho objetivo es una norma o conjunto de normas jurídicas que permiten, prohíben u obligan una conducta, y en su caso, definen figuras jurídicas dentro de un país en un tiempo determinado.


Por su parte, el derecho subjetivo es una función del derecho objetivo, es el permiso derivado de la norma (García, 2005). En términos más prácticos, el derecho subjetivo es la facultad atribuida por la norma del derecho objetivo (Álvarez, 1995).

Hecha esta importante aclaración para efectos didácticos principalmente, pasemos a analizar los conceptos de DEBER OBJETIVO DE CUIDADO Y DE RELACIONES HUMANAS PROPIAMENTE DICHAS.

EL DEBER OBJETIVO DE CUIDADO tiene una gama muy amplia de implicancias, tanto a nivel jurídico, como a nivel profesional, social y ético. Pero, ¿cómo definen los expertos en la materia tal concepto? Veamos:

Comencemos por definir el concepto “deber”. Se entiende por deber la obligación, compromiso o responsabilidad personalísima de tipo moral, que le corresponde a cada persona, sustentada en comportarse bajo los principios de la moral, la justicia o su propia voluntad, con representación de sus actos y consecuencias o sin esa representación. El pensador y escritor argentino José Ingenieros, definió Justicia como el equilibrio entre el Derecho y la Moral.

El filósofo alemán Emmanuel Kant distingue entre obrar “por deber” y obrar “conforme al deber”. Según él, puede ser que el individuo actúe guiado por algún interés particular y que tal actuación coincida con la ley moral, En este caso, estaría actuando “conforme al deber”. Y, “actuar por deber” es actuar por respeto a una ley moral. Es un imperativo según el cual el deber constriñe la voluntad del sujeto imponiéndole la acción moral, y es categórico, porque la acción para que sea moral debe tener un fin en sí misma y nunca ser un medio para alcanzar ese fin.

La vida en sociedad, por sus conocidas características, obliga a las personas a lo que se denomina “deber general u objetivo de cuidado”, para frenar actos y conductas que atenten contra el derecho ajeno. Según Montealegre, el deber de cuidado se basa en tres aspectos: la ley, la experiencia vital y los juicios comparativos.

El filósofo británico John Locke enunció la regla de oro de la moral racional, que habría de incorporarse en el ejercicio médico: “Compórtate como quieras que otro se comporte contigo”. En medicina, el deber de cuidado es permanente. Si bien es cierto que los médicos no pueden garantizar el éxito de un tratamiento o de una intervención, deberán responder por los daños si se prueba la presencia de uno de los causales de culpa.

Entonces, ¿cómo definiremos el concepto “deber objetivo de cuidado”? Leamos a continuación esa definición según entendidos en la materia.

Por ejemplo, en Ecuador, el deber objetivo de cuidado es entendido de manera general, como el deber de diligencia ante una situación de riesgo o peligrosa. Pero, ¿qué es el deber de cuidado en Derecho? Para poder definir y entender el significado de este concepto en Derecho, debemos ubicar la acción (por comisión o por omisión) llevada a cabo por una persona, ante una situación de riesgo o peligrosa y ante la cual el sujeto actor actúa de modo negligente, imprudente o con impericia.

De todos modos, algunos autores han puesto de relieve que el deber de cuidado debe fijarse de acuerdo con la capacidad individual del autor y su valoración no debe realizarse en la culpabilidad, como sostiene la mayoría, sino ya en el tipo: solo se habrá infringido el deber de cuidado cuando el sujeto en cuestión conforme a sus capacidades hubiera podido prever el resultado, lo que significa que el nivel de ese deber será diferente de una persona a otra:
deber de cuidado subjetivo. Así, actúa culposamente el que infringe un deber de cuidado que personalmente le incumbe y puede prever la aparición del resultado, el que o bien no prevé o bien, previéndolo, confía imprudentemente en poder evitarlo. La Teoría de la Culpa está cimentada, entonces, en dos pilares básicos: 1. el deber de cuidado, que obliga al sujeto a poner en su actividad una atención suma, a objeto de no dañar los bienes protegidos por el legislador, y 2. la previsibilidad del resultado, establecido a partir de parámetros ordinarios o comunes, puesto que nadie puede responder por resultados imprevisibles.

Pasemos ahora al tema de las relaciones humanas, cuya definición en forma muy genérica señala: “Se define a las relaciones humanas como el conjunto de sentimientos, pensamientos y conductas, que adoptan los individuos a través de su interacción con sus semejantes”.

Entonces, ¿qué son las relaciones humanas? Son vínculos físicos o emocionales que se generan entre dos o más personas a través de las diversas formas de comunicación humana. Y, son importantes para nuestra evolución como sociedad, ya que son vitales para la creación y organización social de cualquier conglomerado humano. El ser
humano en general, para poder sobrevivir exitosamente en el planeta necesita de otras personas, por lo que es mposible vivir sin relaciones humanas, especialmente venturosas.

El objetivo de las relaciones humanas es la armonización y empatía para comunicar efectivamente lo que necesitamos y así ayudarnos mutuamente. Bien lo expresó Jesucristo: “Nadie se salva solo”.

Según Juan Luis Lorda, La conducta humana está condicionada por dos voces de la naturaleza. Primero, la de los bienes y, segunda, la de los deberes. Los bienes nos atraen; los deberes nos obligan. Ambos, bienes y deberes hay que saberlos conjugar, porque a veces se limitan los unos a los otros.

RELACIONES HUMANAS VERSUS NATURALEZA HUMANA.

LA NATURALEZA HUMANA es el fundamento de la Ética. El bien ético o moral es el que lleva al perfeccionamiento de la naturaleza humana. Otra pregunta sería: ¿cuál es el fin de la naturaleza humana? Respuesta: el orden a su fin último.

Lo natural y propio del hombre es alcanzar su fin. Y el fin del hombre es perfeccionar al máximo sus capacidades. La naturaleza humana no incluye únicamente aspectos físicos o corporales, sino que parte de la naturaleza propia en el crecimiento y desarrollo de su capacidad intelectual y espiritual, independiente o no de sus creencias religiosas. Es el nivel de autorrealización que nos revela Maslow en su pirámide de las necesidades humanas.

La persona que más nos importa en el mundo somos nosotros mismos. Esto es parte de la naturaleza humana y quizá, así deba ser. Pero, si logramos aprender y entrenarnos a dirigir conscientemente nuestros pensamientos hacia nuestros semejantes, esforzándonos por comprender sus sentimientos, estaremos en vías de practicar relaciones humanas efectivas. Cuando sacamos nuestra antena perceptiva para captar lo que nuestros semejantes
transmiten, en cierto modo nos convertimos en ellos, somos empáticos y las fuerzas opuestas de las relaciones humanas versus la condición o naturaleza humana, se emparejan para un vivir más armónico y venturoso con nuestros semejantes. En la venta de seguros de vida este acto se realiza en cada una de ellas. El comprador versus el asesor profesional de ventas, ambos, entran en una puja, que, en una relación ganar-ganar beneficia a ambos, especialmente a los seres queridos del comprador que se beneficiarán con la protección de ese seguro. No es cuestión de dinero, es cuestión de amor. Las relaciones humanas llevadas a cabo con un amor se distinguen por tres cosas: aceptación, comprensión y compromiso.

Lo importante aquí es que la conducta es algo externo que todo el mundo circundante a nosotros puede ver. En cambio, los procesos sensibles y pensantes son internos. Si nuestra personalidad es armoniosa, si los elementos que la componen concuerdan, si lo que hacemos hacia el exterior es congruente con lo que pensamos y sentimos en nuestro interior, podemos decir que formamos una unidad denominada INTEGRIDAD, la cual es una relación de equivalencia porque es reflexiva, simétrica y transitiva Veamos:

Si a R a, efectivamente, se lleva a cabo un acto de reflexividad, de amor propio.
Si a R b y b R a, efectivamente, se lleva a cabo un acto simétrico, de amor entre dos.
Si a R b y b R c implica que a R c, estamos ante una relación transitiva de amor compartida
por la comunidad humana, pues se transfiere esa relación de amor entre todos los
integrantes de esa comunidad.

La palabra INTEGRIDAD significa estar entero, en unidad y armonía con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con las normas tanto humanas como del Universo entero. Significa hacer lo correcto porque usted piensa que lo es y que debe serlo. Es así como construimos nuestro amor propio, nuestra estimación por nosotros mismos. A la inversa, cuando actuamos o nos conducimos de manera que vamos en contra de lo que sentimos o pensamos, perdemos nuestra integridad y amor propio.

Dadas, en forma somera, las definiciones de los dos conceptos básicos que se integran en e contenido de este artículo, me permito hacer una conjunción de ambos para describir, a mi leal entender, su manifestación en las actividades de nuestro diario vivir. Es en esa convivencia diaria con nosotros mismos, con nuestros familiares, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo y con el resto de la población no cercana a nosotros,
debemos conducirnos con precaución y mucha previsibilidad, para no realizar actos conscientes o no, que causen daños o perjuicios a nuestra propia integridad o a la de otras personas. De que mis acciones conductuales sean correctas o incorrectas, depende el grado de confianza que yo mismo tenga y el de mis semejantes. Todo profesional en su respectiva área debe ser celoso de guardar el debido cuidado en sus actuaciones tanto personales como de su profesión. Lo mismo deberíamos esperar del obrero calificado, del obrero no calificado y del ciudadano común. Todos somos responsables de nuestros actos cuando, con o sin representación de los mismos, causamos molestias, daños o perjuicios a los demás, en su persona o en sus bienes, exceptuando los causales eximentes de culpa como los relacionados con el caso fortuito o la fuerza mayor.

Los países con bajo nivel cultural, con altos niveles de corrupción, de permisibilidad judicial y, por ende, de impunidad ante el delito, sin duda alguna van hacia el despeñadero social, político y económico, El deber objetivo de cuidado en las relaciones humanas, requiere de un compromiso social basado en la buena fe y en la confianza. Buena fe en nuestras actuaciones y las de nuestros iguales y, confianza para fortalecer el principio de
seguridad social y el de seguridad jurídica, al ejecutar libremente nuestros derechos fundamentales tanto jurídicos como humanos. El temor no debe ser el fundamento de nuestros pensamientos y actuaciones. La convivencia humana eficaz y venturosa nos hace personas con derechos que la patria nos da. Esos derechos tienen un límite, el derecho de los demás y, si no respetamos esos límites, entonces tendremos problemas de acuerdo con el nivel de la violación que hemos propiciado. El prócer mexicano Benito Juárez dijo: “Tanto entre los hombres como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”. Esa paz, la mantenemos y sostenemos guardando el equilibrio debido, entre nuestras relaciones humanas y el deber objetivo de cuidado en nuestra conducta personal y social.

Seamos cuidadosos de nuestra conducta profesional, en el desempeño de nuestros deberes y actividades como tales; seamos cuidadosos de nuestra conducta vial cuando conducimos algún vehículo automotor o de otro tipo; seamos cuidadosos de nuestros actos automáticos o reflejos, que efectuamos por la costumbre o el uso frecuente; seamos cuidadosos en el control de nuestros miedos , iras, o prejuicios; en fin, no juzguemos a nuestros semejantes si no queremos ser juzgados; no tiremos la primera piedra aunque estemos libres de pecado.

Comprendo que este tema es muy amplio y talvez me he quedado corto en mis comentarios o apreciaciones sobre el mismo. Pero, el tema de la conducta humana es tan complejo y amplio, que pretender cubrirlo totalmente sería un absurdo. Por tal motivo, me permito sugerirles la bibliografía que les anoto a continuación, producida por verdaderos expertos de la conducta humana.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
1.- Frankl, Víctor. El hombre en busca de sentido. Editorial Herder.
2.- Russell, Bertrand. La conquista de la felicidad. Grupo Edit. SAU, Barcelona. 2015.
3.- OSHO. Háblanos del amor. Reflexiones sobre El Profeta de Kahlil Gibran. Edit.
Norma.
4.- Ingenieros, José. El hombre mediocre. Edit. Cultura. Santiago de Chile, 1925.tzsche,
5.- Ingenieros José. Las fuerzas morales. Ediciones Fausto.1996.
6.- Nietzsche, Friedrich. Así habló Zaratustra. Biblioteca EDAF.2010.
7.- Emerson, Ralph Waldo. Diez Ensayos. Edit. AméricaLee. 1943.

  1. Rogers, Carl. El Camino del ser. Kairos/Troquel.
    El proceso de convertirse en persona. Edit. Paidos.
    9.- Krishnamurti. Vivir de instante en instante. Edit. EDAF.
    10.- López, Ángel Iorio. El deber objetivo de cuidado en los delitos culposos. Catedrático
    de Derecho penal en la Universidad de La Laguna (Tenerife).
    11.- Fernando Guzmán / Carlos Alberto Arias. Deber general de cuidado. Artículo de
    opinión.

Juan Ignacio Quirós Arroyo

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