Una mirada integrativa desde la Patagonia Sur para vivir mejor
Por la Dra. Paula Canda
Comemos mientras respondemos mensajes, pasamos horas sentados y llegamos a la noche con el cuerpo cansado y la mente todavía trabajando. Tenemos proyectos, compromisos, personas que dependen de nosotros. En esa agenda, el cuidado de la salud suele quedar para cuando haya tiempo. O para cuando aparezca un problema.
Como médica, mi mirada y mi atención también están allí: no solamente en el síntoma que motiva la consulta, sino también en los escenarios que, de no ser corregidos a tiempo, pueden dar lugar a la aparición de enfermedades crónicas. Se trata de que podamos preguntarnos cómo estamos viviendo y qué necesitamos para sostener una vida que, además de activa, resulte saludable y disfrutable.
Para quien dirige una empresa, ejerce una profesión o crea una obra, estas preguntas también atraviesan la manera de trabajar y de vincularse.
Vivo en El Calafate, en la Patagonia Sur. Aquí, el viento, los cambios de luz y las estaciones nos recuerdan que la vida tiene ritmos. El entorno cambia. Esa experiencia acompaña mi percepción sobre la medicina: comprender el cuerpo en relación con la vida que lo rodea y ayudar a cada persona a encontrar condiciones que favorezcan su equilibrio.Desde esa perspectiva, la Medicina Integrativa ofrece una forma de cuidar que reúne la evaluación y los tratamientos médicos con la atención al estilo de vida y las prácticas complementarias elegidas con criterio. El Ayurveda, el Yoga y la Meditación Trascendental forman parte de mi manera de acercar ese cuidado a lo cotidiano.
En esa integración, el sistema nervioso ocupa un lugar central. Podemos imaginarlo como un director de orquesta que participa en la coordinación de la comunicación interna. Mediante señales eléctricas y químicas, se relaciona con los sistemas hormonal e inmunológico, regula funciones como la respiración, la digestión, la cardiovascular y el metabolismo, y sostiene nuestra actividad mental. Esa comunicación es recíproca: el cuerpo también envía información al cerebro.
La mente participa de esa vida interna: percibe, interpreta y da significado a lo que ocurre.
Nuestra atención suele dirigirse hacia afuera, atraída por novedades, estímulos y asuntos pendientes. Las experiencias nos enriquecen, pero su acumulación sin recuperación puede sobrecargarnos. Abrir otra pantalla no siempre equivale a descansar. También necesitamos momentos en los que disminuyan las demandas y podamos reconocer cómo estamos.
Alternar actividad con descanso, incluido un sueño suficiente, es fundamental para esta red de comunicación que trabaja, en gran parte, sin que la percibamos. La activación nos permite responder y crear; la recuperación ayuda a sostener esas capacidades. Cuando las exigencias superan persistentemente nuestra capacidad de adaptación, puede aumentar el desgaste fisiológico y el riesgo de enfermedades agudas o neurodegenerativas. El cuidado de la mente y del sistema nervioso merece, por eso, un lugar central en la prevención.
Conocer nuestro funcionamiento individual implica reconocer qué nos estimula, qué nos agota y qué nos ayuda a recuperarnos, teniendo en cuenta que el patrón no es el mismo para todos.
El ruido, la luz, los vínculos y las condiciones laborales influyen en nosotros. Nuestras decisiones también transforman ese ambiente. Este intercambio explica por qué el cuidado personal necesita acompañarse de entornos que permitan descansar y trabajar sin una
exigencia permanente.
El Ayurveda, cuyo nombre suele traducirse como conocimiento de la vida, aporta una tradición de observación sobre la relación entre alimentación, actividad, descanso y entorno. Una de sus preguntas más útiles es cómo nos afecta aquello que hacemos todos los días. Podemos empezar por algo tan concreto como reconocer si comemos con hambre, si terminamos satisfechos o incómodos, y si nuestros horarios nos permiten descansar.
Observarnos permite reconocer cuándo estamos cansados y seguimos exigiéndonos, o cuándo comemos sin registrar lo que tenemos delante.
En Ayurveda, la organización del cuidado diario se conoce como dinacharya e invita a respetar los ritmos naturales. Esta mirada dialoga con el concepto de Cronobiología, acuñado por la medicina convencional: disponemos de relojes internos que intervienen en la organización del sueño, la regulación hormonal y un sinfín de procesos, y establecen ritmos, ciclos y regularidad en distintas funciones, desde los niveles macroscópicos hasta los moleculares. Son verdaderos reguladores de nuestra salud y nuestro comportamiento. La luz y los horarios de las comidas ayudan a sincronizarlos. Mantener horarios regulares y adaptar los hábitos a nuestro ritmo individual también contribuye al cuidado de la salud a largo plazo, de manera sostenible. Cada persona necesita adaptar esos hábitos a su trabajo, su edad y su situación clínica. La regularidad puede ser un apoyo; una rutina imposible de cumplir termina convirtiéndose en otra fuente de presión.
La alimentación forma parte de ese cuidado. Elegir alimentos variados, poco procesados y adecuados a las necesidades y la constitución de cada persona importa tanto como reservar un momento para comer sin trabajar simultáneamente. Sentarnos y registrar el apetito y la saciedad nos devuelve información muy valiosa sobre el cuerpo.
Esa capacidad de prestar atención puede acompañarnos cuando nos movemos. El yoga permite explorar la relación entre postura, respiración y experiencia interior. Una práctica adaptada puede ayudarnos a reconocer la tensión y mover el cuerpo con mayor conciencia. La investigación sugiere beneficios para el manejo del estrés y algunos problemas de sueño, además de mejoras en los dolores articulares, cervicales y lumbares, y en la postura corporal.
También puede combinarse con caminatas, ejercicios de fuerza y otras actividades, incluso grupales. En definitiva, el movimiento adecuado y adaptado es necesario para avanzar hacia una vida larga y saludable.
Volver hacia adentro significa hacer espacio para nuestra experiencia interior. Podemos reconocer tensión, cansancio o preocupaciones antes de seguir respondiendo automáticamente. En mi propuesta, la meditación ofrece un espacio cotidiano para cultivar esa interioridad y descansar de la actividad habitual.
La Meditación Trascendental se aprende con un profesor certificado y se practica sentado cómodamente, con los ojos cerrados. En adultos, la pauta habitual es de veinte minutos, dos veces al día. No requiere forzar la concentración, eliminar los pensamientos ni adoptar una creencia religiosa.
Hablamos de cultivar el contacto con nuestra interioridad y, desde allí, participar en la vida. En el ámbito científico, la Meditación Trascendental ha sido estudiada en muchísimos aspectos relacionados con la prevención y la promoción de la salud. Entre más de 700 estudios realizados en aproximadamente 25 universidades de todo el mundo, destaco los trabajos científicos que describen sus beneficios en la reducción de la presión arterial en personas hipertensas y de los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
Como médica, busco integrar la experiencia personal con la evidencia científica, reconocer sus límites y conservar los tratamientos necesarios.
Esta orientación tiene una aplicación concreta durante la jornada laboral. Entre reuniones, consultas o períodos de creación, conviene reservar pausas que interrumpan realmente la tarea: levantarse, caminar unos minutos o alejarse de las pantallas. La investigación sobre pausas breves encuentra mejoras en la fatiga y la energía como también en molestias corporales. Su propósito es favorecer la recuperación y el regreso a la tarea con mayor
disponibilidad, sin exigir atención continua hasta el agotamiento. Esto redundará, sin dudas, en un mayor enfoque y en acciones más efectivas.
Para quien conduce un equipo, permitir esas pausas también es una decisión de gestión.
Respetar horarios, acordar prioridades y reducir interrupciones innecesarias puede crear mejores condiciones para trabajar. Las pausas complementan una organización razonable de las cargas; una jornada excesiva necesita cambios de fondo.
Recuperar claridad puede ayudarnos a distinguir lo urgente de lo que realmente nos conviene.
Sostener decisiones saludables requiere, además, hábitos posibles y un ambiente que los facilite: proteger el descanso, preparar una comida o reservar tiempo para movernos. El autoconocimiento permite ajustar esas decisiones a nuestras necesidades, en lugar de adoptar exigencias ajenas.
El cuidado también tiene una dimensión compartida. Una persona menos agotada puede estar en mejores condiciones para escuchar y responder con calma, contribuyendo a vínculos y entornos más saludables. Esa posibilidad no depende solo de su voluntad: las condiciones sociales y laborales también cuentan. Cuidar a las personas y cuidar los ambientes son responsabilidades que se refuerzan mutuamente.
Mi propuesta es acercar la medicina a ese lugar donde transcurre la vida. Que ayude a conservar la salud y acompañe a cada persona en la búsqueda de su propio equilibrio. Desde la Patagonia Sur, donde la naturaleza hace visibles sus ritmos, encuentro una invitación que también cabe en una oficina, un consultorio o un taller: prestar atención a cómo estamos viviendo. Cuidar la salud empieza mucho antes de que aparezca una disfunción o una enfermedad. Comienza con el autoconocimiento: comprender nuestra constitución individual, tomar decisiones que respeten nuestras necesidades y organizar el tiempo para dar lugar tanto a la actividad como al descanso.
Por la Dra. Paula Canda
La Columna MENTE ACTIVA es un espacio en RPNEWS-ONLINE con contenidos del programa MENTE ACTIVA de ARGENHOY RADIO (transmitido a Latinoamérica por streaming y retransmitido por RADIO 105.1 de Lomas de Zamora). Su productor general y conductor es Pedro A. Ojeda Duran y son panelistas Javier Ortiz Cabrejos,Carl Camelia,German Martina,Rosa María Cassani,Marcos Molina, Nolimar Suárez,Débora Pranno,Roberto Zarlenga y Sandra Turchi.El programa cuenta con el apoyo y auspicio de UMLAC (Universidad Maharishi de Latinoamérica y el Caribe), la Fundación David Lynch America Latina y de FINDEL(Fundacion Internacional para el Desarrollo Local) y la Asociación Argentina de Meditación Trascendental.
El programa MENTE ACTIVA surge en medio de la crisis sanitaria de hace cinco años, y ante tanta tensión, ansiedad y temor que vivía gran parte de la población, la Fundación David Lynch de América Latina a través de sus representantes de Perú, Chile, Argentina, Paraguay comenzó a ofrecer herramientas para fortalecer el sistema nervioso. Así surge el programa de integración neuromuscular, basado en la tradición del HathaYoga, el programa de integración neurorespiratoria relacionado con tradicionales prácticas respiratorias denominadas Pranayama y la Terapia de Marmas, una rama del AyurvedaMaharishi que considera la activación de algunos puntos en la fisiología para proveer equilibrio y bienestar en las personas.
Tenemos en RPNEWS el honor, placer y privilegio que la columna MENTE ACTIVA está dirigida y coordinada por Pedro A. Ojeda Duran. Sus valores, experiencia y conocimientos son una garantía de cumplimiento del objetivo que tiene este espacio para RPNEWS y para nuestros lectores.

