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Seguros en pausa: lo que está en juego no es el sistema, sino el sentido

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Por Jorge Tarling

La promesa de una “revolución en seguros” agitó la agenda hace unos meses. Se habló de rediseños profundos, de mover placas tectónicas. Hoy, ese impulso quedó en suspenso. No solo por cautela política: reaccionó en bloque el ecosistema asegurador —compañías, asociaciones del canal profesional (productores y asesores), PAS y brokers, la SSN y el Ministerio de Economía— ante el riesgo de desestabilizar un mercado ya tensionado. Las ideas no murieron; pueden volver, pero el mensaje social tras el último resultado electoral fue claro: menos épica infundada, menos soberbia y menos bravuconadas; más seriedad.

Un contexto que no admite simplificaciones

El cuadro operativo es áspero: solvencia frágil en no pocas compañías; fraude en niveles inéditos; costos siniestrales en máximos históricos; y un frente judicial que erosiona previsibilidad —en particular en ART— con criterios a menudo divorciados de la razonabilidad económica. En este entorno, dinamitar la herramienta no es solución. La tarea es recuperar sentido: valores, orden y dirección.

ART: la judicialidad como amenaza sistémica

El sistema de Riesgos del Trabajo enfrenta una encrucijada: si no se produce un cambio drástico en los niveles de judicialidad, está condenado. La litigiosidad desancla la técnica, multiplica la severidad y termina expulsando cobertura —en especial para pymes. Es imprescindible articular acuerdos con el sistema judicial para recuperar previsibilidad y razonabilidad, y salir del contexto de abuso y saqueo del sistema que pone en riesgo la continuidad de empresas y empleo.

Claves de salida: acuerdos interinstitucionales (Poder Judicial–SRT–SSN–sector), criterios médicos uniformes y pericias con trazabilidad, conciliación obligatoria con ofertas tempranas, plazos periciales y audiencias efectivas, desincentivos al abuso procesal y digitalización integral de expedientes para dar velocidad y transparencia.

Fraude: el boomerang que encarece todo

El fraude es un flagelo para la industria y un síntoma de una sociedad pauperizada en valores. Se estima que explica entre 30% y 40% del costo del seguro: lo pagás vos, tu vecino y cualquiera que suscribe. En Argentina, demasiadas veces se lo disfraza de “viveza”, pero es delito liso y llano. Y en definitiva, el fraude vuelve como boomerang: erosiona solvencia, sube tarifas y reduce cobertura disponible.

Qué hacer (rápido y en serio):

  • Endurecer el marco legal y sanciones (penales y económicas) para desincentivar la conducta.
  • Tipificar agravantes y reincidencia, con registro sectorial de infractores.
  • Unificar datos (estándar compartido tipo EIAC) y analítica antifraude con alertas tempranas.
  • SIUs coordinadas (unidades de investigación) entre compañías, PAS y regulador.
  • Pericias y redes médicas/auditoras con trazabilidad para contener severidad y armado de siniestros.
  • Denuncia penal sistemática en casos probados y campañas públicas: “Fraude es delito, no viveza”.

Fin del subsidio financiero: la marea bajó

Durante años, las altas tasas del sistema financiero funcionaron como un subsidio encubierto: pagaban la “fiesta tarifaria”, tapaban descalces técnicos y retrasos de precios. Hoy esa muleta ya no está. Y, como cuando baja el agua, se ve quién nadaba desnudo: quienes no corrigieron suscripción, reservas, gastos y fraude quedaron expuestos.

El negocio volvió: rentabilidad con técnica

Con la muleta financiera fuera de escena, el negocio de seguros vuelve a su base: suscripción responsable y tarifa suficiente. Rentabilidad antes que cuota de mercado.

  • Disciplina de precios por ramo/segmento, con ajustes automáticos ante inflación y judicialidad.
  • Apetito y límites de facultades definidos; comité técnico activo.
  • Diseño de póliza que gestione el riesgo (límites, deducibles, prevención).
  • Reaseguro que estabilice resultados (capas/stop-loss coherentes con PML y capital).
  • Gestión de siniestros end-to-end, recuperos y antifraude desde el origen.
  • Eficiencia operativa y expense ratio bajo control.
  • Pricing con datos y corrección rápida del combined ratio.
  • Incentivos atados a calidad de cartera, no solo a volumen.
  • Gobernanza de reservas sólida (IBNR/IBNER) y duración de inversiones alineada.

Diagnóstico de fondo

Los fundamentos del seguro siguen firmes; lo que se desdibujó es el rumbo. La discusión no debería centrarse en destruir lo que funciona, sino en corregir lo que se desvió: reglas claras, técnica consistente y foco en el asegurado.

“Disrupciones” mal entendidas

Cierta épica reformista confunde novedad con desconocimiento de la técnica. Hay prácticas centenarias que existen y funcionan: no hace falta “reinventar el seguro”.

  • Suscripción directa en el extranjero. Parece moderna, pero drena ahorro interno —la industria es inversor institucional clave del mercado de capitales— y diluye poder de policía y tutela del consumidor ante conflictos bajo otra jurisdicción.
  • Acceso a capacidad internacional: ya existe. Se llama fronting: emisión local con reaseguro o indemnidad hacia el exterior, preservando jurisdicción y control regulatorio. Es el puente correcto entre necesidad de capacidad y protección del ciudadano.

Agenda inmediata (lo urgente y posible)

1) Depurar aseguradoras sin sustento real, con mecanismos no cruentos para asegurados, terceros y el personal de las compañías. La liquidación debe ser último recurso. Antes: fusiones, ventas ordenadas, transferencias de cartera y esquemas de continuidad.
2) Aliviar la presión impositiva que distorsiona precios y desalienta asegurabilidad.
3) Supervisión moderna y profunda. La SSN viene alineándose con ajustes necesarios; hay que profundizar: supervisión basada en riesgos, tecnología, foco en solvencia y conducta de mercado.
4) Impulso a seguros de personas con políticas activas e incentivos.
5) Calidad de la venta por encima del volumen. Idoneidad, KYC de riesgos y asesoramiento real. El PAS reduce coberturas mal calibradas frente a riesgos emergentes.

Deudas estructurales impostergables

  • Información compartida. Estándares de intercambio y plataformas interoperables —a la manera del EIAC español— para pólizas, recibos, siniestros y liquidaciones. Menos fricción, mejor calidad de datos y menos fraude.
  • Protección del tercero reclamante. Hoy sin amparo administrativo, sufre destratos y es empujado a un carril judicial lento y patrimonialmente destructivo. Justicia lenta no es justicia.
  • Límites obligatorios acordes al riesgo real. Mantener $160 millones en autos es anacrónico. Actualizar límites es condición de eficacia.

Innovación público-privada: paramétricos y microseguros

Los seguros paramétricos no reemplazan al tradicional; lo complementan en la capa catastrófica. Vinculan el pago a índices objetivos y aceleran liquidez tras el evento.

  • Sector público: reducen volatilidad fiscal y elevan la eficiencia del gasto ante catástrofes; requieren diálogo técnico (Hacienda, Producción, Infraestructura).
  • Sector privado: oxígeno a cadenas críticas y combinación con coberturas tradicionales y mitigación.
  • Microseguros: inclusión real para ingresos bajos, con productos simples, primas accesibles y educación aseguradora.

Creatividad que asume riesgo

Las aseguradoras viven del riesgo y, por responsabilidad social, deben asumirlo, no esquivarlo. No alcanza con asegurar “piletas de natación contra incendio”. Hay que acompañar nuevos riesgos con diseño serio: ciber y continuidad, clima y catástrofes (incluidos paramétricos), movilidad con suscripción dinámica, vida/retiro/salud orientados a prevención y activos intangibles (datos, reputación, PI).
Mitos que conviene despejar

  • “El PAS es monopolio”. Falso. En Argentina siempre coexistieron venta directa y otros canales. En los 90, el Decreto 855 liberalizó tanto la comercialización que, como solemos decir, casi se vendían seguros “en una verdulería”. Hoy el consumidor tiene múltiples puntos de acceso a una póliza. El PAS no es un monopolio; es una elección socialmente validada.

Autocrítica y gobernanza: lo pasado, pisado

Después de 35 años en el mercado, recién ahora —en el evento de mayor convocatoria y de boca de referentes— se empieza a diferenciar la paja del trigo. Durante décadas prevaleció el “no hagan olas”. Para cambiar, primero hay que admitir que no estamos bien y que hay mucho por mejorar: prácticas comerciales, gobernanza de suscripción, tiempos de pago, calidad de servicio y transparencia de costos.

“Organismos de escritorio” y mascarones de proa. También hubo entidades y obligaciones nacidas en escritorios que, si bien tuvieron creación legítima, se usaron como mascarones de proa para imponer cargas con justificaciones aparentes más que con resultados operativos.
Miremos hacia adelante: inventario y simplificación, evaluación ex ante/ex post del impacto, cláusulas de caducidad para lo que no agregue valor, mesa público-privada permanente (SSN, compañías, asociaciones de productores y asesores, cámaras de brokers y asociaciones de consumidores) con compromisos trimestrales verificables, y transparencia de datos.

La pieza que el consumidor valida

En plena digitalización y venta directa, el canal profesional (PAS y brokers) sigue concentrando una porción mayoritaria de la comercialización. No es privilegio: es validación social. El cliente elige cercanía, representación y confianza. Lo vimos en pandemia: el canal sostuvo a asegurados y a aseguradoras. Esa humanidad no se reemplaza por decreto ni por algoritmo.

Lo que viene

Cuando la discusión se reactive, conviene recordar el orden: primero sentido; después sistema.

  • Colaboración real en información para bajar fraude y mejorar técnica.
  • Protección administrativa del tercero para reducir conflictividad y tiempos.
  • Límites obligatorios actualizados.
  • Supervisión inteligente que premie solvencia y conducta.
  • Comercialización responsable centrada en necesidades reales.
  • Paramétricos y microseguros como política de Estado y de mercado.
  • Innovación que asume riesgo, no que lo evita. Un mercado asegurador robusto no es un fin en sí mismo. Es el medio para una economía más previsible, empresas más resilientes y personas mejor protegidas. Sin productores no hay confianza; sin confianza no hay seguros reales; y sin seguros reales, no hay futuro asegurado.

CV (resumen)
Jorge Tarling — Administrador de riesgos y asesor de seguros.
Titular de Tarling Asesores de Seguros (La Plata, Argentina).
Formación: ARPAS (CAES–AAPAS). Premio a la mejor tesis ARPAS 2021 (compartido).
Miembro de AAPAS (egresado ARPAS Alumni). Ex presidente de APS La Plata; integra el
directorio de la Cámara de Comercio e Industria de La Plata.
Acceso a mercados internacionales de reaseguro a través de la red Zen Brokers (LARS /
unisonBrokers) y vínculo con Gallagher.
Enfoque en programas corporativos y gestión integral de riesgos (mitigación estructural +
transferencia).

Por Jorge Tarling

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