Los caminos del error médico

Los caminos del error médico

Por el Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain

Decía Confucio que, “Cometer un error y no corregirlo es otro error”. El pensador chino lo advirtió siglos antes de nuestra era. No hay mayor error que el no querer corregirlo.

Aquí consideraré el error médico como el concepto, la teoría, el juicio o la acción equivocada o desacertada, pero de buena fe. Claro  que si nos detenemos en la historia de las ciencias  y, en particular la historia de la medicina, no podemos aseverar que todas las grandes acciones erradas de conocimiento público cobijaron una buena intención. Bástenos dos hechos trágicos y paradigmáticos  como las bombas nucleares  de Hiroshima y Nagasaki y los Juicios de Núremberg, ya que en un caso se buscaba terminar de una vez por todas con la Segunda Guerra Mundial para “evitar más muertes”,  y  en el otro caso los crueles experimentos con seres humanos pretendían  ser una “contribución al progreso científico”. En ambos sucesos los responsables de estos actos se apartaron del sentido humanitario y de la ética. Ellos pusieron en evidencia aquello que ya se sabía: la búsqueda del conocimiento por sus causas, eso que llamamos ciencia, no marcha por el mismo carril que el de la ética. La ética debemos buscarla en el proceder del médico o del investigador, quien antes de tomar cualquier  decisión evaluará con sumo cuidado medios y fines. 

En la toma de decisión, como ser frente a una situación límite o compleja, la ética puede residir tanto en la decisión tomada como en abstenerse de ella. En la vida no todo lo que se puede hacer debe hacerse, y este es un concepto fundamental a tener presente en la investigación con seres humanos (también con los animales de experimentación para evitar la crueldad).

En investigación clínica se recurre al ensayo y error, o prueba y error, que es un método heurístico para obtener conocimiento, proposicional y procedimental. Siguiendo el método científico y la normativa ética internacional, se prueba una alternativa terapéutica (fármaco, dispositivo, técnica invasiva) y se verifica si efectivamente funciona, como ejemplo lo que sucede hoy con la investigación de vacunas para el Covid-19.

En medicina asistencial cotidianamente debemos escoger una terapéutica frente a un paciente en cuestión (paciente y su entorno), y es necesario  evaluar tanto los riesgos como los beneficios.  El balance entre riesgos y beneficios se aplica al escoger una terapéutica pero también incluye la opción de no recurrir a ninguna terapia. Aquí se toma en cuenta tanto la probabilidad como la posibilidad de que se produzca un daño como efecto secundario o indeseable, su magnitud y sus consecuencias.En la práctica los médicos tomamos decisiones en diferentes escenarios o situaciones: de certidumbre (tenemos un conocimiento preciso que nos permite adoptar la decisión óptima y seguir la estrategia correspondiente), de riesgo (adoptamos la alternativa más adecuada frente a un conjunto de estados con probabilidades conocidas) o de incertidumbre (frente al desconocimiento optamos por decisiones vinculadas a concepciones y valores personales). De todas maneras, la responsabilidad ética y legal será por las decisiones tomadas, así como las no tomadas, y también las tomadas fuera de término o de forma.

El error es un fenómeno connatural al hombre. En el ámbito de la medicina asistencial, donde la incertidumbre es muy frecuente, el error puede evidenciarse en el diagnóstico como en el tratamiento, en la prevención como en el pronóstico. Cuando un médico confunde una enfermedad con otra, prescribe un fármaco que no es el apropiado o practica una intervención quirúrgica técnicamente inadecuada, se configura  el “error médico”.Según Carl Gustav Jung: “El conocimiento descansa no solo sobre la verdad sino también sobre el error”. No hay duda que el error es fuente de aprendizaje y, en ocasiones aprendemos más de nuestros errores que de los aciertos.

Hoy con motivo de la pandemia se recurre con frecuencia a las consultas médicas online, útiles en muchos casos, pero donde el médico no tiene la posibilidad de examinar adecuadamente al paciente. En este tiempo pandémico ya he visto serios errores con esta modalidad virtual, que repito, es un complemento útil pero de ninguna manera reemplaza al acto médico presencial. Algo similar está sucediendo con la educación en todos sus niveles.

Los médicos sabemos que muchos de los conocimientos actuales mañana perderán vigencia, la prueba es que no se puede tratar un cáncer de mama como se lo trataba décadas atrás, por eso la actualización es un “imperativo ético”Hay errores que son fruto de la desactualización y esto determina una mala praxis. El ejercicio cotidiano de la profesión exige estar al día con los conocimientos y, la ciencia vive autocorrigiéndose, a diferencia de la política. En la ficción legal se da por sentado que todo médico está capacitado para hacer frente a cualquier situación de salud o enfermedad, sin embargo la realidad es que nadie lo está, ya que la problemática es inabarcable, además de la excesiva información para una generación. Claro que a menudo la letra impresa da la sensación de abarcar o contemplar cualquier problemática y, a algunos les sirve como ansiolítico, a otros como coartada.

Libro publicado por el Dr. Cataldi Amatriain en el 2008, donde trata los tópicos de ésta nota.

Gran parte de las decisiones en esta pandemia fueron adoptadas con información escasa y no validada, y en un escenario de incertidumbre global. Se cometieron un sinnúmero de errores. Hace unos días tuvo amplia difusión el informe del panel independiente de expertos convocado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que revisó lo actuado hasta ahora. El informe señala fallas procedimentales graves  y, llega a la conclusión que la situación podía haberse evitado. Hubo una combinación de “malas decisiones estratégicas”, además de numerosos errores que condujeron al desastre sanitario y económico mundial. Un desastre que involucra  a todas las esferas de la vida.

El brote neumónico de origen desconocido fue detectado en la segunda quincena de diciembre de 2019. El 30 de enero de 2020 la OMS  declaró la emergencia de salud pública de alcance internacional con el más alto nivel de alarma, pero un dato fundamental es que ya el 22 de enero se había reunido el Comité de Emergencia de la OMS y, ese era el momento de la declaración. El 11 de marzo el director general de la OMS calificó la situación de pandemia y se encendieron las alarmas en distintos países.

Para una epidemia de esta dimensión y gravedad, el plazo que va del 22 de enero al 11 de marzo constituye una tardanza injustificable que se tradujo en un incremento de la morbimortalidad. Cuando la política pretende tutelar la investigación científica y el accionar médico, pasan cosas como estas. Más allá que, como siempre sucede, se coló el negocio de la salud pero en su peor versión, desnudando la cara oculta de la codicia: pujas por la adquisición de insumos médicos, desigualdad en la disponibilidad de vacunas, negativa a permitir siquiera el levantamiento transitorio de las patentes, gestiones poco transparentes y la llamada diplomacia de las vacunas, que se sumaron a otras ignominias que la geopolítica impone por la razón de la fuerza.  Al respecto, la posición del International College of Internal Medicine (ICIM) la hemos explicitado en el editorial: ¿Beneficencia en la Medicina o negocio encubierto?1

Es importante subrayar que el método científico es apolítico, ya que sólo busca evidencias y no va detrás de ninguna ideología. En el panorama actual se comprueba no poca deshonestidad intelectual. Una cosa es la política científica, otra la ciencia de la política, y otra la militancia partidaria. Los médicos e investigadores “militantes” se dedican a “seleccionar datos” para poder justificar una decisión política equivocada, como ha sucedido con el nivel de contagios en las aulas y la aceptación o rechazo de algunas vacunas esgrimiendo explicaciones antojadizas o sesgadas. Una investigación exitosa suele tener detrás cientos de fracasos a lo largo de muchos años de labor ímproba.

La medicina es una disciplina científica, pero tiene una vertiente humanística, además de un profundo sentido humanitario que le da su razón de ser. El médico que no comete errores es el que nunca asiste pacientes. La medicina es antropológica, holística o de la persona.  Y todo médico que se precie de ser tal, debe aceptar con humildad sus errores, si es posible intentar enmendarlos, y en base a la experiencia mejorar en el manejo de esta difícil arte.

Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain
Doctor en Medicina por la Universidad Nacional de La Plata
y la Universidad Complutense de Madrid.
Profesor Consulto de Medicina Interna (USAL)
Presidente de la Academia Argentina de Ética en Medicina.

1Puede leerse en el portal que dirigimos, trilingüe (inglés, francés y español) del ICIM (https://worldconference-internalmedicine.com/ ).

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