Un test de ADN tumoral podría evitar miles de quimioterapias innecesarias

Uno de los momentos más críticos en el tratamiento oncológico se produce tras la cirugía con intención curativa, cuando los médicos deben decidir si el paciente necesita tratamientos adicionales para reducir el riesgo de recaída.

La medicina de precisión avanza hacia una nueva fase en el abordaje del cáncer gracias a tecnologías capaces de detectar la llamada enfermedad mínima molecular.

Uno de los ejemplos más recientes es Signatera, un test de ADN tumoral circulante (ctDNA) comercializado por la empresa catalana Palex para identificar enfermedad residual tras el tratamiento, que ha sido seleccionado dentro del programa INNOPASS del Programa de Acceso de la Innovación al Sistema de Salud de Cataluña (PASS).

La tecnología permite detectar fragmentos de ADN tumoral en sangre tras la cirugía u otros tratamientos, anticipando así posibles recaídas y ofreciendo información clave para decidir si el paciente necesita terapias adicionales.

Carlos Hagen, director médico de Palex, considera que esta innovación supone una transformación profunda en la práctica clínica al monitorizar la evolución del cáncer y permitir tomar decisiones clínicas. La llegada de la enfermedad mínima molecular supone una revolución a múltiples niveles, explica. A diferencia de muchos avances terapéuticos, se trata de una innovación basada en diagnóstico molecular que modifica el modo en que se toman decisiones clínicas tras el tratamiento.

Según Hagen, este cambio es especialmente relevante porque introduce una herramienta con una capacidad de anticipación y sensibilidad superior a las técnicas tradicionales. Estamos hablando de un cambio disruptivo basado en un método de diagnóstico, y no en un fármaco, como suele ser habitual, señala.

Uno de los momentos más críticos en el tratamiento oncológico se produce tras la cirugía con intención curativa, cuando los médicos deben decidir si el paciente necesita tratamientos adicionales para reducir el riesgo de recaída. Hasta ahora, estas decisiones se basaban en criterios clínicos y estadísticos que no siempre reflejan el riesgo real de cada paciente.

La detección de enfermedad mínima molecular permite identificar la presencia de células tumorales residuales que no son visibles mediante pruebas de imagen convencionales. En tumores con alta incidencia como el cáncer colorrectal, la llegada de tecnologías como Signatera puede suponer el mayor cambio de práctica clínica en décadas, afirma.

Reducir tratamientos innecesarios

Uno de los beneficios más relevantes de esta tecnología es su capacidad para evitar tratamientos innecesarios. La quimioterapia adyuvante se utiliza con frecuencia tras la cirugía para reducir el riesgo de recaída, pero no todos los pacientes la necesitan realmente.

Según explica Hagen, los datos disponibles muestran que una proporción importante de pacientes podría prescindir de estos tratamientos si se dispusiera de herramientas más precisas para evaluar su riesgo real. Se estima que entre el 70% y el 80% de los pacientes con cáncer colorrectal estadio II y entre el 40% y el 60% de los estadio III podrían no requerir tratamiento adicional tras la cirugía, señala.

El problema hasta ahora era la falta de instrumentos capaces de identificar con precisión qué pacientes sí se beneficiarían de la quimioterapia. “Ayuda a evitar el sobretratamiento de los pacientes y, al mismo tiempo, permite identificar a aquellos que sí requieren de tratamiento adicional”, explica.

Evidencia científica y fiabilidad

Uno de los elementos clave para la incorporación de nuevas tecnologías en el sistema sanitario es la evidencia científica que respalda su uso. Según explica, el test concentra más del 90% de las publicaciones científicas en el campo de la enfermedad mínima molecular y dispone de evidencia procedente de miles de pacientes incluidos tanto en ensayos clínicos como en estudios de práctica clínica real.

Además, esta tecnología ha sido analizada recientemente por la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (RedETS), que ha evaluado el papel de este tipo de herramientas dentro de la práctica clínica.

A pesar del potencial de estas tecnologías, su adopción en los sistemas sanitarios no siempre es rápida. Hagen apunta que el modelo sanitario actual se ha desarrollado históricamente alrededor de los medicamentos. El sistema sanitario actual se ha desarrollado en base al uso de medicamentos, por lo que se enfrenta a múltiples dificultades para incorporar intervenciones que incluyen el diagnóstico molecular como eje central, sostiene.

Entre los principales obstáculos menciona barreras organizativas, limitaciones económicas y desafíos regulatorios. La ausencia de estructuras adaptadas para integrar nuevas tecnologías en la práctica clínica también puede retrasar su implementación.

Para Hagen, la llegada de estas soluciones requiere un modelo de colaboración estrecha entre empresas tecnológicas, clínicos, evaluadores y administraciones sanitarias. Desde su perspectiva, compañías como Palex desempeñan un papel clave en la introducción de innovaciones en el sistema sanitario. Nuestra ambición es actuar como verdaderos aliados del sistema sanitario, facilitando que tecnologías disruptivas puedan adaptarse a las necesidades del entorno clínico, explica.

Ahorros superiores a 3.000 euros por paciente

Además de sus beneficios clínicos, el uso de biomarcadores avanzados puede tener un impacto positivo en la sostenibilidad del sistema sanitario. Según Hagen, los análisis realizados con datos locales muestran que el uso del test de ADN tumoral circulante podría generar ahorros significativos.

Los estudios disponibles estiman ahorros superiores a 3.000 euros por paciente, incluso aplicando un modelo restrictivo de uso. Si se extrapolan estas cifras al conjunto de pacientes con cáncer colorrectal estadio II, el impacto económico positivo podría acercarse a los 50 millones de euros anuales para el sistema sanitario.

En un contexto de creciente presión financiera sobre los sistemas de salud, este tipo de tecnologías podría contribuir no solo a mejorar los resultados clínicos, sino también a optimizar el uso de recursos.

Fuente: CONSENSOSALUD